Magnífico señor
Después que vine a esta tierra trabajosa y más peligrosa en compañía de Don Pedro de Mendoza como vuestra merced sabe, no he escrito a vuestra merced para darle cuenta de los casos infortunios que después acá han sucedido, no por falta de deseo y voluntad porque esta nunca me ha faltado ni faltará para las cosas de su servicio salvo por el aparejo que no he tenido porque todas las veces que se ha hecho mensajero de esta tierra y provincia me he hallado ausente del Puerto de Buenos Aires de donde parten los navíos para esos reinos, de cuya causa he tenido mucha pena porque vuestra merced me habrá tenido en reputación de descuidado y negligente, pues que suplico a vuestra merced pues no ha sido mas en mi mano, me mande restituir en mi crédito.
Al tiempo que Don Pedro vino a esta tierra, sucedió muy gran muerte así de hambre como de enemigos y estuvo toda la armada en punto de ser perdida y destruida por falta de buen gobierno y administración de capitanes, por la poca experiencia que tenía él y los que con él vinieron y desde ha pocos días sucedidas las muertes se subió por el Río arriba en bergantines al puerto que dicen de Corpus Cristi que es ochenta leguas más arriba del Puerto de Buenos Aires donde fue el primer puerto y escala y población que asentó en esta provincia después del Puerto de Buenos Aires. /folio 3/ En este puerto de Corpus Cristo estuvo en conversación de unos indios que se dicen tenbues, aquí la gente se reformó y tuvo de comer, desde ha ciertos días envió a Juan de Ayolas por su capitán general con tres navíos y cierta gente a descubrir el Río del Paraguay y saber y calar la tierra por donde mejor se pudiese entrar y desde ha tres meses que fue partido, habiéndose Don Pedro de Mendoza retirado y vuelto al puerto de Buenos Aires envió al capitán Juan de Salazar de Espinosa con dos navíos en demanda y seguimiento de Juan de Ayolas y yo vine en el tiempo en su compañía en el cual viaje pasamos grandes e intolerables trabajos, así en la navegación como de hambre y a cabo de seis meses poco más o menos hallamos en el Río del Paraguay dos bergantines de los que Juan de Ayolas había subido y en ellos hallamos treinta hombres y por capitán de ellos a un Domingo de Yrala vizcaíno en cual informó y dijo como por el Puerto de la Candelaria que es en este Río donde habitan unos indios pescadores que se dicen payaguas a doce de febrero del año de quinientos y treinta y siete, Juan de Ayolas había hecho su entrada con ciento y treinta hombres /folio 3 vuelto/ en demanda de las minas y poblaciones de la tierra adentro y que había llevado por guía un esclavo que fue de un cristiano que se decía García, que había entrado por la tierra y sabía el camino y con otros ciertos paraguas de la generación y que a él le había dejado en los bergantines para que le aguardase en el puerto hasta que volviese, habida esta relación el capitán Juan de Salazar se abajó y vino por este Río del Paraguay abajo ciento y veinte leguas del Puerto de la Candelaria y en concordia de estos indios carios asentó e hizo una casa fuerte de madera que está trescientas leguas del Puerto de Buenos Aires y dejado en ella la mitad de la gente que traía en los bergantines se volvió a Puerto de Buenos Aires a dar cuenta a Don Pedro de Mendoza, al cual halló partido para los reinos de España y luego se volvió a la casa y puerto que se dice de la Asunción a guardarla y defender y yo siempre he estado en su compañía por manera que como he a vuestra merced no he tenido lugar de avisarle de todas las cosas que han pasado.
/folio 4/ En el año pasado de quinientos y treinta y nueve años, vino a este puerto de la Asunción Alonso Cabrera, veedor de su Majestad y después que a esta tierra vino nunca ha faltado revuelta y escándalos en ellas, los cuales él ha causado y procurado como hombre caviloso y desasosegado y puso nuevas imposiciones en la gente, llevándoles quintos y derechos indebidos y dando diversos entendimientos a una provisión que tengo de su Majestad e hizo y levantó por teniente de gobernador y capitán general a Domingo de Yrala no concurriendo en él las calidades que se requiere tener persona que tal oficio haya de tener y ejercer. Esto y otras cosas de más calidad y peores casos hizo Alonso Cabrera a fin de mandar y que por su cabeza fuésemos todos regidos.
La muerte de Ayolas. Después de ser recibido al cargo de teniente de gobernador el capitán Domingo de Yrala por el mes de diciembre del año partió de este puerto con nueve bergantines y doscientos y ochenta cristianos y algunos indios de esta generación carios y en esta entrada me hallé yo y fui a ella y fuimos en demanda y busca del capitán Juan de Ayolas y fuimos al puerto de San Sebastián que es siete o ocho leguas mas bajo de donde Juan de Ayolas entró y por aquí y por el /folio 4 vuelto/ mes de febrero del año de quinientos y cuarenta entró el capitán y gente quedando en el puerto los navíos a buen recaudo por esta tierra se entró diez y nueve días y de causa de hallar la tierra toda empantanada y cubierta de aguas fue forzado a retirarse adonde los bergantines dejados llegados aquí el capitán Domingo de Yrala se informó de cinco payaguaes que había preso antes que hiciese la entrada entre los cuales estaban dos que fueron que fueron conocidos que fueron de las guías e indios que Juan de Ayolas había llevado, éstos dijeron y declararon como Juan de Ayolas había entrado la tierra adentro hasta una generación que la tierra adentro que se dice Chenes en la cual y en otras comarcanas había habido mucho oro y plata y que en compañía de algunos indios Chenes le habían traído el metal de oro y plata se había vuelto al puerto de la Candelaria y que cuando llegó no halló los bergantines ni gente que había dejado en el puerto, por lo cual recibió Juan de Ayolas y todos los cristianos que con él venían mucha pasión y que habían hecho casas y arrobadizos de paja para adonde estar hasta que los bergantines viniesen, adonde estuvieron aguardándolos un mes, al cabo del cual los indios payaguaes codiciosos de tener y poseer el /folio 5/ metal que Juan de Ayolas traía, hicieron gran junta y llamamiento así de su generación como de otras comarcanas y después de hecha la junta los indios principales de los payaguaes rogaron a Juan de Ayolas que él y los cristianos se fuesen con ellos a sus casas para que allí serían servidos y tendrían de comer, lo cual visto por Juan de Ayolas y la amistad y buenas obras que le hicieron al tiempo de su partida determinó de cumplirles y así se aderezaron y comenzó a caminar con ellos y un día yendo caminando ya que el sol iba alto cerca de las casas de los payaguaes de improviso salieron las celadas de los indios y de repente dieron en ellos y a poco espacio fue muerto él y toda la gente cristiana e indios Chenes que con él venía, los cuales fueron muertos a palos y tomado todo el oro y plata que traía, sabido esto por el capitán Domingo de Yrala, mandó que toda la gente se embarcase para venirse a este puerto de la Asunción, y estando embarcándose vino a nado un mancebo indio que en su parecer parecía esclavo el cual dijo ser Chene y haber venido con Juan de Ayolas y declaró muy por extenso su entrada y vuelta y su muerte, que era según arriba ge a vuestra merced este indio dijo que por el camino había enterrado /folio 5 vuelto/ ciertas cargas de oro y las demás que habían traído los indios payaguaes las habían tomado al tiempo de su muerte y que éste se habían escapado que no le mataron porque fue huyendo a un bosque donde fue hallado después por los payaguaes y traído a su poder y que había sabido que había cristianos en el puerto y río se había huido de ellos y se había venido para estar en compañía de los cristianos, con esta nueva y relación nos volvimos a este puerto de la Asunción do como llegamos de los excesivos trabajos que se habían pasado adoleció mucha gente y murió cierta parte de ella.
Después de haber pasado esto, por el año de quinientos y cuarenta y uno por el mes de enero, el capitán Vergara descendió al puerto de Buenos Aires do estaba cierta gente, la cual era llave y reparo de esta conquista y como llegó por inducimiento y cuerdo de Alonso Cabrera por hacernos mal y molestar y por si de los reinos de España nos viniese una nao desgaritada al puerto aportase, no tuviese reparo ninguno lo hizo deshacer y deshicieron y subieron toda la gente a este puerto de la Asunción, estos casos y otros más gordos se han hecho en esta tierra dejo de escribir a vuestra merced por la falta de papel,
/folio 6/ Después de subido aquí, el capitán Domingo de Yrala determinó hacer una entrada y estándola aderezando llegó a esta ciudad el gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca y como llegó fue recibido por los oficiales de su Majestad y capitanes y luego determinó de aderezar, inquirir y saber por donde pudiese descubrir y calar la tierra para conquistarla y estando aderezando los navíos que eran necesarios los oficiales de su Majestad y él hubieron ciertas diferencias y pasiones por les ir a la mano en la cobranza de los quintos y miserias que cobraban, visto esto los oficiales determinaron de enviar dos frailes franciscos a la costa de Brasil a dar aviso de lo que había pasado a su Majestad. Visto por el gobernador que le levantaban la tierra e impedían su descubrimiento mandó volver los frailes y a ellos mandó prender por ciertos desacatos que dijeron e hicieron e hizo sus procesos contra ellos y los remitió a su Majestad, después de remitidos por el día de Nuestra Señora de septiembre del año de quinientos y cuarenta y tres se partió con diez navíos y cuatrocientos hombres y diez caballos y fue al puerto de los Reyes, dejando muy segura esta tierra y por allí entró por una generación que se dice oronucocies diez y nueve días hasta llegar a ciertos indios /folio 6 vuelto/ que en el camino halló, donde se informó de las poblaciones que había, y viendo que le decían que estaban lejos, temiendo la comida se hubo de retirar y antes que de allí partiese envió seis cristianos y ciertos indios a ver y descubrir las poblaciones y él volvió do los bergantines había dejado. Pasado pocos días volvió la gente que había enviado a ver la tierra y sabido por el gobernador la relación y nueva que traían estándose aparejando para tornar a entrar le adoleció la más de la gente de calenturas y fue tan general esta enfermedad que su persona vino a adolecer. Visto por el gobernador la enfermedad que era grave, determinó de volverse a este puerto de la Asunción, do como llegó a quince días que hubo llegado, estando enfermo en una cama día de señor San Marcos del año de quinientos y cuarenta y cuatro, los oficiales movidos con su pasión, fueron a la casa del señor gobernador con sus amigos y valedores con mano armada y le prendieron y después de tenerle preso hubo muy gran alboroto y escándalo, diciéndole palabras injuriosas y feas, prendieron su alcalde mayor y alguaciles con muy gran vituperio los arrastraban y pelaban las barbas, quitándoles las varas /folio 7/ que por el gobernador y en nombre de su Majestad tenían soltaron los presos, hicieron otros casos muy graves y atroces en deservicio de Dios y de su Majestad, no contento con esto le echaron prisiones barreando las calles y casas, poniéndole guarda para que de noche y de día le guardasen, en tal manera que es cosa temerosa de ver y decir públicamente le leyeron y publicaron un libelo difamatorio alzaron y criaron teniente de gobernador y capitán general, el cual hizo alcalde y alguaciles ante el cual hicieron sus probanzas con testigos sobornados de sus amigos y valedores donde ha habido los juros que allá se verán, han perseguido los vasallos leales de su Majestad que con buen celo han mirado lo que convenía a su real servicio sobre estas cosas han hecho casos atroces digno de muy gran castigo, porque no contentos en perseguir los legos que en esto en servicio de Dios y del Rey hablaban, han preso un clérigo presbítero y lo han tenido entre cuatro paredes ocho meses, cosa de llorar es oír las blasfemias e poco temor que se ha tenido en esta tierra en la era de ahora a Dios nuestro Señor y a su Majestad, muchos vasallos de vuestra Majestad se han puesto a sacar al gobernador y certifico a vuestra merced que según yo los vi determinados lo hicieran sino fuera por saber como les fue hecho cierto que cuatro amigos de los aliados de los oficiales se habían juramentado de matar al gobernador si visen que algunos se levantaban para habérselo de sacar, entre los cuales era uno el tesorero García de Befas de Córdoba, de esta causa y por que /folio 7 vuelto/ el gobernador envió a mandar nos sosegásemos con una persona que lo guardaba, porque le daban muchos sobresaltos, diciéndole cada día que se confesase, poniéndole los puñales a los pechos, diciendo que si no mandaba a sus amigos que no se revolviesen que le habían de matar, lo cual por los sobre saltos y alborotos que han tenido antes creemos que el gobernador sea muerto que vivo, porque después que allí le metieron no le ha visto hombre ninguno de sus amigos y servidores de su Majestad. Otras cosas de más calidad dejo de decir a vuestra merced porque allá será vuestra merced mas largamente informado del señor Pero Fernández escribano de su Majestad y de esta a provincia, el cual ha visto todo lo que en esta tierra ha pasado desde que vino Don Pedro de Mendoza, y suplico a vuestra merced se le de entero crédito como su persona merece, porque es hombre que no dirá otra cosa más de la verdad y en lo que vuestra merced le pudiere favorecer lo haga por que es muy mi señor amigo.
Señor acá su señoría me hizo merced luego como llegó de mandar preguntar por mí y me dijo la merced que vuestra merced me había hecho en acordarse de mí para recomendarme a su señoría. Pliega a nuestro Señor me traiga a tiempo para que estas mercedes y la que mas espero que se le me harán yo las pueda servir y pagar como yo deseo.
El señor gobernador me ha como el arcediano y señor es fallecido y lo llevó Dios para sí, halle de la gloria. A mi señora Doña Catalina de Estopiñan beso mil veces las manos y me encomiendo en sus oraciones al señor Francisco de Villavicencio y al señor Pero Núñez /folio 8/ beso las manos de sus mercedes. Nuestro Señor la magnífica persona de vuestra merced guarde y acreciente por largos años para su servicio. De esta ciudad la Asunción a primero de marzo de mil y quinientos y cuarenta y cinco. Beso las manos de vuestra merced, Francisco Galán. Y en el sobre escrito de la carta decía: al magnífico señor, el señor Rodrigo de Vera de Villavicencio alcalde de Zahara y su tierra mi señor. Va del Río de la Plata.

Magnífico señor

Después que vine a esta tierra trabajosa y más peligrosa en compañía de Don Pedro de Mendoza como vuestra merced sabe, no he escrito a vuestra merced para darle cuenta de los casos infortunios que después acá han sucedido, no por falta de deseo y voluntad porque esta nunca me ha faltado ni faltará para las cosas de su servicio salvo por el aparejo que no he tenido porque todas las veces que se ha hecho mensajero de esta tierra y provincia me he hallado ausente del Puerto de Buenos Aires de donde parten los navíos para esos reinos, de cuya causa he tenido mucha pena porque vuestra merced me habrá tenido en reputación de descuidado y negligente, pues que suplico a vuestra merced pues no ha sido mas en mi mano, me mande restituir en mi crédito.

Al tiempo que Don Pedro vino a esta tierra, sucedió muy gran muerte así de hambre como de enemigos y estuvo toda la armada en punto de ser perdida y destruida por falta de buen gobierno y administración de capitanes, por la poca experiencia que tenía él y los que con él vinieron y desde ha pocos días sucedidas las muertes se subió por el Río arriba en bergantines al puerto que dicen de Corpus Cristi que es ochenta leguas más arriba del Puerto de Buenos Aires donde fue el primer puerto y escala y población que asentó en esta provincia después del Puerto de Buenos Aires. /folio 3/ En este puerto de Corpus Cristo estuvo en conversación de unos indios que se dicen tenbues, aquí la gente se reformó y tuvo de comer, desde ha ciertos días envió a Juan de Ayolas por su capitán general con tres navíos y cierta gente a descubrir el Río del Paraguay y saber y calar la tierra por donde mejor se pudiese entrar y desde ha tres meses que fue partido, habiéndose Don Pedro de Mendoza retirado y vuelto al puerto de Buenos Aires envió al capitán Juan de Salazar de Espinosa con dos navíos en demanda y seguimiento de Juan de Ayolas y yo vine en el tiempo en su compañía en el cual viaje pasamos grandes e intolerables trabajos, así en la navegación como de hambre y a cabo de seis meses poco más o menos hallamos en el Río del Paraguay dos bergantines de los que Juan de Ayolas había subido y en ellos hallamos treinta hombres y por capitán de ellos a un Domingo de Yrala vizcaíno en cual informó y dijo como por el Puerto de la Candelaria que es en este Río donde habitan unos indios pescadores que se dicen payaguas a doce de febrero del año de quinientos y treinta y siete, Juan de Ayolas había hecho su entrada con ciento y treinta hombres /folio 3 vuelto/ en demanda de las minas y poblaciones de la tierra adentro y que había llevado por guía un esclavo que fue de un cristiano que se decía García, que había entrado por la tierra y sabía el camino y con otros ciertos paraguas de la generación y que a él le había dejado en los bergantines para que le aguardase en el puerto hasta que volviese, habida esta relación el capitán Juan de Salazar se abajó y vino por este Río del Paraguay abajo ciento y veinte leguas del Puerto de la Candelaria y en concordia de estos indios carios asentó e hizo una casa fuerte de madera que está trescientas leguas del Puerto de Buenos Aires y dejado en ella la mitad de la gente que traía en los bergantines se volvió a Puerto de Buenos Aires a dar cuenta a Don Pedro de Mendoza, al cual halló partido para los reinos de España y luego se volvió a la casa y puerto que se dice de la Asunción a guardarla y defender y yo siempre he estado en su compañía por manera que como he a vuestra merced no he tenido lugar de avisarle de todas las cosas que han pasado.

/folio 4/ En el año pasado de quinientos y treinta y nueve años, vino a este puerto de la Asunción Alonso Cabrera, veedor de su Majestad y después que a esta tierra vino nunca ha faltado revuelta y escándalos en ellas, los cuales él ha causado y procurado como hombre caviloso y desasosegado y puso nuevas imposiciones en la gente, llevándoles quintos y derechos indebidos y dando diversos entendimientos a una provisión que tengo de su Majestad e hizo y levantó por teniente de gobernador y capitán general a Domingo de Yrala no concurriendo en él las calidades que se requiere tener persona que tal oficio haya de tener y ejercer. Esto y otras cosas de más calidad y peores casos hizo Alonso Cabrera a fin de mandar y que por su cabeza fuésemos todos regidos.

La muerte de Ayolas. Después de ser recibido al cargo de teniente de gobernador el capitán Domingo de Yrala por el mes de diciembre del año partió de este puerto con nueve bergantines y doscientos y ochenta cristianos y algunos indios de esta generación carios y en esta entrada me hallé yo y fui a ella y fuimos en demanda y busca del capitán Juan de Ayolas y fuimos al puerto de San Sebastián que es siete o ocho leguas mas bajo de donde Juan de Ayolas entró y por aquí y por el /folio 4 vuelto/ mes de febrero del año de quinientos y cuarenta entró el capitán y gente quedando en el puerto los navíos a buen recaudo por esta tierra se entró diez y nueve días y de causa de hallar la tierra toda empantanada y cubierta de aguas fue forzado a retirarse adonde los bergantines dejados llegados aquí el capitán Domingo de Yrala se informó de cinco payaguaes que había preso antes que hiciese la entrada entre los cuales estaban dos que fueron que fueron conocidos que fueron de las guías e indios que Juan de Ayolas había llevado, éstos dijeron y declararon como Juan de Ayolas había entrado la tierra adentro hasta una generación que la tierra adentro que se dice Chenes en la cual y en otras comarcanas había habido mucho oro y plata y que en compañía de algunos indios Chenes le habían traído el metal de oro y plata se había vuelto al puerto de la Candelaria y que cuando llegó no halló los bergantines ni gente que había dejado en el puerto, por lo cual recibió Juan de Ayolas y todos los cristianos que con él venían mucha pasión y que habían hecho casas y arrobadizos de paja para adonde estar hasta que los bergantines viniesen, adonde estuvieron aguardándolos un mes, al cabo del cual los indios payaguaes codiciosos de tener y poseer el /folio 5/ metal que Juan de Ayolas traía, hicieron gran junta y llamamiento así de su generación como de otras comarcanas y después de hecha la junta los indios principales de los payaguaes rogaron a Juan de Ayolas que él y los cristianos se fuesen con ellos a sus casas para que allí serían servidos y tendrían de comer, lo cual visto por Juan de Ayolas y la amistad y buenas obras que le hicieron al tiempo de su partida determinó de cumplirles y así se aderezaron y comenzó a caminar con ellos y un día yendo caminando ya que el sol iba alto cerca de las casas de los payaguaes de improviso salieron las celadas de los indios y de repente dieron en ellos y a poco espacio fue muerto él y toda la gente cristiana e indios Chenes que con él venía, los cuales fueron muertos a palos y tomado todo el oro y plata que traía, sabido esto por el capitán Domingo de Yrala, mandó que toda la gente se embarcase para venirse a este puerto de la Asunción, y estando embarcándose vino a nado un mancebo indio que en su parecer parecía esclavo el cual dijo ser Chene y haber venido con Juan de Ayolas y declaró muy por extenso su entrada y vuelta y su muerte, que era según arriba ge a vuestra merced este indio dijo que por el camino había enterrado /folio 5 vuelto/ ciertas cargas de oro y las demás que habían traído los indios payaguaes las habían tomado al tiempo de su muerte y que éste se habían escapado que no le mataron porque fue huyendo a un bosque donde fue hallado después por los payaguaes y traído a su poder y que había sabido que había cristianos en el puerto y río se había huido de ellos y se había venido para estar en compañía de los cristianos, con esta nueva y relación nos volvimos a este puerto de la Asunción do como llegamos de los excesivos trabajos que se habían pasado adoleció mucha gente y murió cierta parte de ella.

Después de haber pasado esto, por el año de quinientos y cuarenta y uno por el mes de enero, el capitán Vergara descendió al puerto de Buenos Aires do estaba cierta gente, la cual era llave y reparo de esta conquista y como llegó por inducimiento y cuerdo de Alonso Cabrera por hacernos mal y molestar y por si de los reinos de España nos viniese una nao desgaritada al puerto aportase, no tuviese reparo ninguno lo hizo deshacer y deshicieron y subieron toda la gente a este puerto de la Asunción, estos casos y otros más gordos se han hecho en esta tierra dejo de escribir a vuestra merced por la falta de papel,

/folio 6/ Después de subido aquí, el capitán Domingo de Yrala determinó hacer una entrada y estándola aderezando llegó a esta ciudad el gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca y como llegó fue recibido por los oficiales de su Majestad y capitanes y luego determinó de aderezar, inquirir y saber por donde pudiese descubrir y calar la tierra para conquistarla y estando aderezando los navíos que eran necesarios los oficiales de su Majestad y él hubieron ciertas diferencias y pasiones por les ir a la mano en la cobranza de los quintos y miserias que cobraban, visto esto los oficiales determinaron de enviar dos frailes franciscos a la costa de Brasil a dar aviso de lo que había pasado a su Majestad. Visto por el gobernador que le levantaban la tierra e impedían su descubrimiento mandó volver los frailes y a ellos mandó prender por ciertos desacatos que dijeron e hicieron e hizo sus procesos contra ellos y los remitió a su Majestad, después de remitidos por el día de Nuestra Señora de septiembre del año de quinientos y cuarenta y tres se partió con diez navíos y cuatrocientos hombres y diez caballos y fue al puerto de los Reyes, dejando muy segura esta tierra y por allí entró por una generación que se dice oronucocies diez y nueve días hasta llegar a ciertos indios /folio 6 vuelto/ que en el camino halló, donde se informó de las poblaciones que había, y viendo que le decían que estaban lejos, temiendo la comida se hubo de retirar y antes que de allí partiese envió seis cristianos y ciertos indios a ver y descubrir las poblaciones y él volvió do los bergantines había dejado. Pasado pocos días volvió la gente que había enviado a ver la tierra y sabido por el gobernador la relación y nueva que traían estándose aparejando para tornar a entrar le adoleció la más de la gente de calenturas y fue tan general esta enfermedad que su persona vino a adolecer. Visto por el gobernador la enfermedad que era grave, determinó de volverse a este puerto de la Asunción, do como llegó a quince días que hubo llegado, estando enfermo en una cama día de señor San Marcos del año de quinientos y cuarenta y cuatro, los oficiales movidos con su pasión, fueron a la casa del señor gobernador con sus amigos y valedores con mano armada y le prendieron y después de tenerle preso hubo muy gran alboroto y escándalo, diciéndole palabras injuriosas y feas, prendieron su alcalde mayor y alguaciles con muy gran vituperio los arrastraban y pelaban las barbas, quitándoles las varas /folio 7/ que por el gobernador y en nombre de su Majestad tenían soltaron los presos, hicieron otros casos muy graves y atroces en deservicio de Dios y de su Majestad, no contento con esto le echaron prisiones barreando las calles y casas, poniéndole guarda para que de noche y de día le guardasen, en tal manera que es cosa temerosa de ver y decir públicamente le leyeron y publicaron un libelo difamatorio alzaron y criaron teniente de gobernador y capitán general, el cual hizo alcalde y alguaciles ante el cual hicieron sus probanzas con testigos sobornados de sus amigos y valedores donde ha habido los juros que allá se verán, han perseguido los vasallos leales de su Majestad que con buen celo han mirado lo que convenía a su real servicio sobre estas cosas han hecho casos atroces digno de muy gran castigo, porque no contentos en perseguir los legos que en esto en servicio de Dios y del Rey hablaban, han preso un clérigo presbítero y lo han tenido entre cuatro paredes ocho meses, cosa de llorar es oír las blasfemias e poco temor que se ha tenido en esta tierra en la era de ahora a Dios nuestro Señor y a su Majestad, muchos vasallos de vuestra Majestad se han puesto a sacar al gobernador y certifico a vuestra merced que según yo los vi determinados lo hicieran sino fuera por saber como les fue hecho cierto que cuatro amigos de los aliados de los oficiales se habían juramentado de matar al gobernador si visen que algunos se levantaban para habérselo de sacar, entre los cuales era uno el tesorero García de Befas de Córdoba, de esta causa y por que /folio 7 vuelto/ el gobernador envió a mandar nos sosegásemos con una persona que lo guardaba, porque le daban muchos sobresaltos, diciéndole cada día que se confesase, poniéndole los puñales a los pechos, diciendo que si no mandaba a sus amigos que no se revolviesen que le habían de matar, lo cual por los sobre saltos y alborotos que han tenido antes creemos que el gobernador sea muerto que vivo, porque después que allí le metieron no le ha visto hombre ninguno de sus amigos y servidores de su Majestad. Otras cosas de más calidad dejo de decir a vuestra merced porque allá será vuestra merced mas largamente informado del señor Pero Fernández escribano de su Majestad y de esta a provincia, el cual ha visto todo lo que en esta tierra ha pasado desde que vino Don Pedro de Mendoza, y suplico a vuestra merced se le de entero crédito como su persona merece, porque es hombre que no dirá otra cosa más de la verdad y en lo que vuestra merced le pudiere favorecer lo haga por que es muy mi señor amigo.

Señor acá su señoría me hizo merced luego como llegó de mandar preguntar por mí y me dijo la merced que vuestra merced me había hecho en acordarse de mí para recomendarme a su señoría. Pliega a nuestro Señor me traiga a tiempo para que estas mercedes y la que mas espero que se le me harán yo las pueda servir y pagar como yo deseo.

El señor gobernador me ha como el arcediano y señor es fallecido y lo llevó Dios para sí, halle de la gloria. A mi señora Doña Catalina de Estopiñan beso mil veces las manos y me encomiendo en sus oraciones al señor Francisco de Villavicencio y al señor Pero Núñez /folio 8/ beso las manos de sus mercedes. Nuestro Señor la magnífica persona de vuestra merced guarde y acreciente por largos años para su servicio. De esta ciudad la Asunción a primero de marzo de mil y quinientos y cuarenta y cinco. Beso las manos de vuestra merced, Francisco Galán. Y en el sobre escrito de la carta decía: al magnífico señor, el señor Rodrigo de Vera de Villavicencio alcalde de Zahara y su tierra mi señor. Va del Río de la Plata.