Muy poderosos señores
Alvar Núñez Cabeza de Vaca, adelantado y gobernador de la provincia del Río de la Plata, digo que vuestra Majestad sabe como habiendo venido nuevo a vuestro real Consejo de Indias, que Don Pedro de Mendoza, adelantado y gobernador que fue de las provincia, había fallecido y conforme al asiento y capitulación que con él se había tomado la gobernación había de quedar pàra un heredero suyo, cual él nombrase y que conforme a esto él había nombrado a Juan de Ayolas, el cual quedaba en las provincias en una entrada y sospechaba que según la relación había, era muerto. A cuya causa por la gran mortandad que había habido en la gente que había llevado Don Pedro y los pocos bastimentos que había llevado y haberse muerto todos los caballos que de estos reinos habían ido y que había algunos indios de guerra y que la tierra quedaba en tal estado, que si no fuese presto remediada y socorrida se acabaría de perder y que perecieran todos los que en ella estaban como constó por testimonio que entonces se vieron y de ello hicieron relación Felipe de Cáceres, contador que al presente es de vuestra Majestad en la provincia y el piloto Antonio López y aun Martín de Orue que al presente está en esta corte. Lo cual visto y entendido por los del vuestro real Consejo de Indias y queriendo proveer en la necesidad grande que la tierra tenía, mandó tomar conmigo cierto asiento y capitulación para que yo fuese a proveer la tierra y llevase gente, caballeros y bastimentos, y por que lo hiciese, se me concedió, que siendo muerto Juan de Ayolas, yo sucediese en la gobernación, según y como él la tenía, y en caso que fuese vivo se me de la Isla de Santa Catalina la gobernación y mas lo que yo descubriese y conquistase y otras mercedes contenidas en la capitulación y sobre ello se otorgó a que me refiero, y para ello se me dieron las provisiones necesarias y así en cumplimiento de lo que conmigo se asentó y capituló, yo gasté más de catorce mil ducados no siendo obligado a gastar mas de ocho mil en caballos y bastimentos y otras cosas necesarias para la tierra de que antes que partiese de estos reinos se trajo información hecha en la ciudad de Cádiz y ante los oficiales de vuestra Majestad que allí residen, y habiéndome embarcado, llegué a la Isla de Santa Catalina donde estando allí, desde ha pocos días que llegué llegaron nuevos cristianos españoles en un batel que venían huyendo del Puerto de Buenos Aires que es en la boca del Río del Parana, los cuales dijeron que era muerto Juan de Ayolas y así se recibió información de ello, y sabido esto y entendida la relación del estado de la tierra, yo me partí para ella y porque la tierra estaba e guerra y levantada anduve por tierra rodeando cuatrocientas /folio 1 vuelto/ hasta que llegué a la ciudad de Asunción que es en el Río del Paraguay en veinte y cinco grados donde estaba Domingo de Yrala, vizcaíno por teniente de gobernador que se había hecho elegir contra voluntad del pueblo y los oficiales de vuestra Majestad y todos otros capitanes y gente que había en la tierra, y en once de marzo del año de cuarenta y dos, habiéndose ajuntado todo el pueblo o la mayor parte de él, fue recibido por la justicia y regidores y oficiales de vuestra Majestad y capitanes y gobernados y capitán general conforme a las provisiones que llevaba, las cuales fueron vistas y oídas y obedecidas, recibiendo a mi el juramento y solemnidad que se suele hacer y me entregaron las varas de la justicia, recibiendo todos mucho contentamiento de mi llegada, así por el socorro que les llevé como por el buen tratamiento que yo a todos hacía, porque les dejé sus cargos y oficios que tenían, excepto el oficio de teniente y los cargos de justicia que proveí de nuevo porque así convenía, y siendo así recibido, habiendo estado dos años en la tierra descubriendo y pacificando mucha parte de ella, estando en toda paz y concordia con los naturales y habiéndolos conquistado y traído de paz, haciendo a todos justicia igualmente y por cuanto habiéndoseme quejado los vecinos de la provincia que los oficiales de su Majestad, so color de los derechos de vuestra Majestad, es llevaban el quinto del pescado y manteca de él y de la miel y pellejos de nutrias y de los venados y tigres que habían de los indios y de la carne que comían y los que compraban de los indios para su mantenimiento todo para cobrar sus salarios y porque se lo reprendía comenzaron los oficiales y sus amigos y otras personas a quien ellos atrajeron para ello a tenerme odio y enemistad y tratar de matarme y se concertaron con cierto frailes de la orden de San Francisco para que secretamente se fuesen de la tierra con ciertos españoles a la costa de Brasil y a la de Santa Catalina y que trajesen ciertas cartas y despachos suyos para dar a entender a vuestra Majestad que yo destruía la tierra y que hacía otros daños y que convenía que se proveyese Domingo de Yrala por gobernador y que a vuelta de esto, uno de los frailes que se dice fray Bernardo de Armenta cordobés, procurase de ser obispo de la provincia, que para ello enviaban informaciones y que a mi en tanto ellos procurarían de matarme y para hacer esto anduvieron conjurándose haciendo liga y monipodio, habiendo precedido juramento y les dieron cinco cristianos con arcabuces y otras armas y ciertos indios principales de la costa del Brasil, que eran muy necesarios para el aprovechamiento de la gobernación, y así comenzaron a caminar secretamente y llevando consigo treinta indias principales mozas cargadas contra la voluntad de ellas y de sus padres que fue causa que se descubriese el viaje que tenían concertado y que el mismo día de su partida después que ya iban de camino, lo cual siendo por mi sabido envié cierta gente en pos de ellos, para mandarlos volver y fueron vueltos y por que no se supiese lo que habían concertado enterraron las cartas que no se pudieron hallar, por lo cual y por ciertos indios que resultaron contra Martín de Orue, yo os hice prender a él y a Bartolomé Justiniano genovés, y Bartolomé descubrió /folio 2/ la liga y concierto que tenían hecho y temiendo Domingo de Yrala y los oficiales que se descubrirían muchas cosas mal hechas en deservicio de Dios y de vuestra Majestad porque supieron que querían dar un alcalde tormento a Martín de Orue vinieron los oficiales ante mi diciendo que no tenía Martín de Orue culpa sino ellos, porque ellos habían movido a los frailes para que se fuesen encubiertamente sin decirme nada. Lo cual visto por mi, les di a los oficiales sus casas por cárcel y cometí para que se recibiese información a Pedro de Estopiñán Cabeza de Vaca, el cual la tomó de lo suso y de otras molestias y agravios y muchos malos tratamientos que habían hecho a indios, tomándoles por fuerza sus mujeres e hijos y hermanas y lo que tenían que serían largo de referir y se podrá ver mas largamente en la relación que de esto ha dado Pedro Hernández escribano de la provincia, la cual por mi visto porque yo tenían concertado de hacer cierta entrada con parecer de los oficiales de vuestra Majestad y de religiosos y clérigos y de otras personas principales lo cometí a Pedro Estopiñan Cabeza de Vaca, para que procediese contra ellos conforme a derecho, el cual hizo su proceso y por las culpas halló contra ellos, los suspendió de los oficios reales que tenían y los remitió a vuestra Majestad y así yo fui con diez bergantines que tenían hechos y cuatrocient1os hombres y diez caballos y mil indios amigos en cien canoas para hacer la entrada, y llegado a un puerto que dicen de los Reyes, hice la entrada como se contiene en una relación que de ello daré y donde a cierto tiempo toda la gente que llevaba adoleció en Puerto de los Reyes donde estuvimos tres meses hasta que siendo requerido por el contador Cáceres, en nombre de vuestra Majestad que volviese al pueblo donde había salido para que no pereciese la gente y así volví, y llegado enfermo con toda la gente, desde ha quince días, día de San Marcos del año de quinientos y cuarenta y cuatro, después de anochecido se juntaron los Domingo de Yrala y Garci Vanegas, que al presente está en esta corte y Alonso Cabrera, vecino de Loja que está en estos reinos y Felipe de Cáceres y Pedro de Orantes oficiales de vuestra Majestad y Pedro Díez del Valle y Bartolomé González y Juan de Valderas escribanos y Martín de Orue y Lope Duarte vizcaíno, y Pedro de Orantes hijo del factor y Machín de Arrona y Juan López y Bernardo Sardo y Nicolás de Rodas y Alonso Rantero y Hernando de Manos Albas y otros vizcaínos y cordobeses en número de más de treinta hombres armados con muchas armas ofensivas y defensivas fueron a mi casa donde estaba malo, con arcabuces armados puestas las mechas encendidas en las serpentinas y otros con ballestas armadas y otros con las espadas desnudas y entraron en mi cámara donde estaba solo echado, con un criado dándole favor y ayuda los unos a los otros y los otros a los otros con gran ruido y escándalo y con grandes voces y me pusieron las espadas, y puñales a los pechos diciendo que me habían de matar y así me arrebataron y llevaron preso, dando grandes voces, diciendo libertad, libertad, habiendo primero tratado de hacer la prisión, y habiendo hecho liga y confederación con grandes juramentos y solemnidades entre sí los oficiales y los otros por mi de suso nombrados y otras personas vizcaínos y cordobeses, porque les había impedido que no hiciesen las fuerzas y robos que hacían, y por matarme en la prisión y quedarse y alzarse con la tierra y ser ellos solos los gobernadores y que no hubiese quien les fuese a la mano y para ello habían andado diciendo y atrayendo a muchas personas diciéndoles que yo les quería robar sus haciendas y tenerlos por esclavos, habiendo llamado aquella noche algunas personas que eran servidores de vuestra Alteza con engaños a sus casas, los cuales encerraban en ellas por que no sintiesen /folio 2 vuelto/ lo que pasaba y no favoreciesen vuestra justicia hasta que me tuviesen preso y ellos apoderados de la tierra y así después que me tuvieron preso trayéndome por la calle a los que salían y me veían llevar les decían muchas injurias y baldones de mi y por que les parecía algunos el caso tan feo y tan mal hecho temerosos de la gran maldad y deslealtad que habían cometido me metieron presto en la casa de Garci Vanegas, teniente de tesorero y me echaron unos grillos a los pies, estando muy enfermo y me metieron dentro de una cámara muy pequeña donde no entraba claridad y allí me pusieron grandes guardas de los mismos cordobeses y vizcaínos, y visto el gran escándalo que había por el pueblo, Garci Vanegas y Martín de Orue, salieron acompañados de sus amigos todos, y armados y con un tambor, pregonando que los oficiales de vuestra Majestad mandaban que todos se metiesen en sus casas y que no saliesen de ellas, so pena de muerte y de traidores y a los que topaban por las calles los maltrataban y los hacían entrar en sus casas y no contento con esto, luego a la misma hora que me prendieron Martín de Orue y García Vanegas y otros prendieron a mi alcalde mayor y a los alguaciles y haciéndoles muchos malos tratamientos pelándoles las barbas, diciéndoles muchas injurias, llevándolos a la cárcel pública soltando los otros presos que en ella estaban por delitos de muerte y otros muy graves apellidando y trayendo por nombre libertad y echaron al alcalde mayor y alguaciles de cabeza en el cepo y a la misma hora fueron a casa del escribano ante quien habían pasado y estaban los procesos criminales de las ligas y motines y delitos que los oficiales habían cometido y otras informaciones y relaciones que tenían para enviar a su Majestad. Y poniéndole las espadas a los pechos, amenazándole que lo habían de matar le tomaron todos los procesos y porque no estaba allí todo lo que ellos querían fueron a mi casa y quebraron una arca y dos porta cartas míos y sacaron todas las escrituras y provisiones que en ellos tenía, rompiendo y escondiendo las que quisieron y robaron y saquearon la misma noche toda mi hacienda y cuanto tenía en casa, y otro día de mañana secuestraron otros bienes que hallaron y lo repartieron todo entre sí y con mi misma hacienda hacían dádivas a personas para traerlos a su opinión y a unos con las dádivas y promesas y otros con miedos los atrajeron e indujeron a que testificasen y escribiesen contra mi, haciéndoles que dijesen sus sin tomarles juramento ofreciéndoles grandes cosas todo a fin de usurpar la tierra y por otros fines contenidos en la relación que doy y para que entendiesen que ellos eran los que habían de gobernar y mandar me tenían tan apretado y con tanta guarda que estando en una cámara chica y con prisiones, metieron en la cámara un Hernando de Sosa a quien yo había tenido preso y ellos habían soltado y que este y no otro entrase donde yo estaba de día ni de noche y me tenían cerrado con cuatro candados y juntaron ocho casas donde se acogían los conjurados abriéndose todas para que se mandase por una y cerrando las puertas de todas y barreando las calles para que no hubiese mas de una puerta por donde entrasen y saliesen y en la cámara donde yo estaba fortalecieron de una palizada metiendo los maderos un estado debajo de tierra para que aunque derribasen las paredes no me pudiesen sacar y si minasen topasen en los maderos, diciéndome siempre muchas injurias y ofensas. Y luego otro día los oficiales nombrados por teniente de gobernador y capitán general a Domingo de Yrala que era el principal causador y amotinador, hombre de poca suerte que pocos años ha en esta corte era mozo de Alonso de la Peña escribano de vuestro real Consejo por ser vizcaíno y porque Cabrera y Garci Vanegas y los otros le pudiesen mandar y como la conjuracion se había hecho por algunos y procuraban de guardar otros y el caso que contra mi cometieron era y es tan grave y no visto ni oído en haberme prendido tan sin causa y con tanta maldad fabricando algunos procuraban de favorecer vuestra real justicia y trataban de quererme poner en libertad y como lo sintieron los delincuentes concertaron entre sí de matarme a apauladas y así Garci Vanegas y otros se juramentaron que si me quisiesen sacar me matasen y así fueron adonde estaba preso diciendo que por que /folio 3/ se ponían en sacarme que me querían cortar la cabeza, y dar de puñaladas si no enviaba a mandar a la gente que se sosegase y así por miedo a la guarda que tenía conmigo y con cartas que me hacían escribir los enviaba a mandar que no me sacasen que yo quería estar preso porque no sucediesen mayores daños de los sucedidos y así por esto y por lo que más se contiene en la mi relación y como estaban apoderados en la tierra hacían lo que querían en tanta manera que demás de las informaciones falsas que quisieron hacer e hicieron contra mi pensando colorear sus delitos maltrataban de obra y de palabra a los que algo decían en mi favor y a uno de Medina del Campo porque dijo que daría orden como yo fuese suelto le dieron cien azotes públicamente llamándole de traidor y alevoso, dando tormentos a él y a otros para tenerlos a todos sujetos, y así me tuvieron tan aprisionado que ninguna persona me pudo hablar ni ver ni escribir y sola una india consentían que entrase a darme de comer y ésta entraba en cueros y cada vez la cataban para que no me llevase carta ni aviso e hicieron y cometieron otras muchas cosas en gran desacato de vuestra Majestad como tiranos apoderándose de todo, tratando de matarme muchas veces con veneno, hasta que me enviaron preso secretamente e hicieron las otras cosas contenidas en los capítulos y relación, que juntamente doy con esta que pido que se vean por los cuales y por algunas cartas misivas y testimonio que fueron hallados en el bergantín que me traían ante vuestra Alteza están presentadas y por estas que presento de nuevo y por el mismo hecho de haberme traído preso, siendo yo gobernador y ellos personas privadas consta de los muchos y grandes y graves delitos que los por mi de suso declarados y otros sus cómplices fautores que quedaron en la provincia han cometido en deservicio de Dios y de vuestra Majestad con mucha deslealtad y desacato y gran daño de la república de aquellas provincias y en disminución de vuestro patrimonio real que si no le hubieran prendido y estorbado se hubiera descubierto y traído para vuestra Majestad mas de un millón de oro. Por lo cual todo y por cada cosa y parte de ello los suso han caído e incurrido en grandes y graves penas establecidas contra los que cometen semejantes delitos que algunos de ellos son crimen lese Majestatis y otros y deben ser punidos y castigados como persona que en deservicio de su rey y en perdimiento y destrucción de su república han cometido tantos males y delitos causando tantos daños y pérdida. Porque pido y suplico a vuestra Alteza cerca de lo suso cumplimiento de justicia y que habidas mis relaciones por verdaderas por la notoriedad del hecho por su sentencia definitiva o por otra que con derecho deba, los condene a muerte de alevosos y en perdimiento de todos sus bienes e incidente que todos los daños y cotas que se me han seguido que estimo en mas de cien mil ducados, sobre que pido cumplimiento de justicia por aquella vía y remedio que mejor lugar haya, y juro a Dios y a esta cruz que no la pido maliciosamente sino por que el hecho pasa así y por alcanzar cumplimiento de justicia. Y en lo necesario vuestro real oficio imploro.
Otro si, por que los delincuentes continuando los atrevimientos que han tenido y confiando y confiando que los falsos procesos y probanzas que traen y en la muchedumbre de los conjurados han tenido temeraria osadía de venir ante vuestra presencia real, Pido y suplico a vuestra Alteza los mande prender y poner en buena guarda para que en ellos sean ejecutadas las penas que merecen, y que vuestro fiscal salga a esta causa y la siga porque el negocio es de calidad y toca al servicio de vuestra Alteza y de vuestra jurisdicción real, porque si esto no se castiga ejemplarmente, es dar ocasión a que en unas tierras tan apartadas de vuestra presencia real, vuestros jueces y gobernadores sean presos y muertos y desobedecidos y después no faltarán informaciones y testigos falsos que hagan para colorear lo que quieren como han hecho contra mi que es notorio en todo el reino y entre todas las personas /folio 3 vuelto/ que me conocen cuan servidor de vuestra Majestad he sido y mis pasados y los grandes trabajos que he padecido sin provecho ni interés alguno, trayéndome afrontado y maltratado entre gente baja, que solo eso es bastante causa para que en esto se conozca muy rigurosamente contra los delincuentes para cual etc.
/hay una rúbrica/
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