Magnífico señor
Después que de esa ciudad partimos siempre trajimos muy próspero tiempo hasta que llegamos a la Isla de Santa Catalina donde estuvimos ocho meses, y en este tiempo vino un bergantín con ocho hombres que venían huyendo del Río de la Playa, éstos dieron nueva de Juan de Ayolas como era muerto. Y visto esto el gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca desbarató aquí todos los navíos, que no dejó sino una nao que fue la capitana en que vinimos ochenta hombres al Río y él entró con toda la otra gente por tierra hasta la ciudad del Paraguay, donde halló trescientos cristianos de los de Don Pedro y luego como llegó lo recibieron y le dieron la obediencia su teniente de Don Juan de Ayolas. Y luego como los recibieron despachó cuatro navíos a Buenos Aires por la gente que vinimos en la nao y envió otros de dos por otros ochenta hombres que venían el Paraguay abajo en balsas a dar al Paraguay, estos eran de los que él traía por tierra que venían cojos y enfermos, los cuales /folio 8 vuelto/ nos vinimos a juntar así los unos como los otros dentro de tres meses a esta ciudad de la Asunción y en este Río del Paraguay adonde ordenó su entrada desde diez y nueve de diciembre que aquí llegamos hasta el día de Nuestra Señora de Septiembre, la cual armada salió muy pujante con diez bergantines y cuatrocientos hombres y novecientos indios de guerra, subimos ríos arriba trescientas leguas hasta una generación que se dicen los saycogies donde asentó su real junto al río con ochenta hombres, los otros con todos los indios entramos con él y entraríamos cuarenta leguas la tierra adentro, aquí supimos que era despoblado y fue forzado volvernos y envió seis hombres a descubrir y llegaran desde donde el gobernador se volvió hasta una generación en veinte días por tierra despoblada y sin camino, en esta generación que llegaron estos seis hombres vieron en una casa que llegaron ciertas planchas y barbotes de oro y plata, aquí los quisieron matar se salieron de la casa retrayéndose hasta un bosque donde los dejaron todos heridos vinieron al real donde el gobernador los estaba esperando con tan buenas nuevas que todos nos alegramos y estaba la gente tal que de cuatrocientos hombres no había veinte que estuviesen buenos, aquí estuvo tres meses esperando que la gente se reformase para tornar a entrar y cada día separaba peor porque la tierra es muy enferma /folio 9/ aquí murió Martín de Armenza de la patria. Y visto esto mandó el gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca que nos embarcásemos para volver a esta ciudad de la Asunción donde habíamos salido creyendo que la gente de reformaría para tornar a hacer su entrada, más no le dieron ese lugar que luego desde ha doce días que aquí llegó lo prendieron la causa de ello yo no lo sé, porque no hay otra cosa, sino que estos que acá han mandado como vivían a escota larga no se hallaban a ser mandados sino estarse aquí como moro sin Rey hechos neutrales, paréceme que si el Rey viniese con tan poco poder de gente como vino el gobernador harían lo mismo. Me huelgo que vuestra merced ha salido verdadero muchas veces me he acordado de Pero Vaca de cuando me dijo estando a la mesa con vuestra merced que había de afrentar al gobernador y a todo su linaje, porque el principal caudillo de su prisión ha sido él allá dice que va no sé si irá al recibimiento que le habían de hacer todos sus deudos y vecinos echarlo con una pesga a la mar porque a nadie maculase, que si esta conquista se pierde es y ha sido la causa no creo que se maravillará mucho vuestra merced por que haré lo que allá hacía, de su prisión del gobernador me alcanzó parte que tres meses y medio me tuvieron con unos grillos diciendo que lo quería sacar yo y otros deudos y amigos suyos, de las cosas de la tierra, vuestra merced me hará merced, los que de acá van le informarán a vuestra merced de lo que acá hay necesidad. A mi señor Juan de Villavicencio beso las anos de su merced y al señor Salvador de Villavicencio y esta carta reciba por suya, por que aca es tan caro de haber /folio 9 vuelto/ medio pliego de papel que quien alcanza para escribir a España, no piensa haber ganado poco. A mi señora Doña Leonor beso las manos y en sus oraciones me encomiendo por que bien las hemos menesteres todos los que acá estamos metidos en este profundo de olvido, donde no sabemos cuando veremos luz. Hecha a trece días del mes de enero, año de nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos y cuarenta años, a servicio de vuestra merced. Juan Bernalte Cabeza de Vaca.

Después de esta carta hecha acordaron estos señores oficiales para enmendar el yerro que tienen hecho, llamar a toda la gente a la iglesia y allí nos nombraron ciertas libertades por que enviaban al Rey que enviaban un procurador y que todos firmasen y de que esto vieron muchos de ellos vio quisieron firmar y les cerraron las puertas y por fuerza les hicieron firmar Y esto le hago saber porque sepa las traiciones de esta tierra a Juan de la Hina le dirá queso cuñado Yzarza y Carvajal, un hijo de Lama de la Picaza y Francisco Benítez de ahí de la tierra todos estos se fueron de esta ciudad por tierra camino del Brasil toda la tierra es poblada de indios hasta allá, y hay trescientas leguas hasta allá ni se podrán allegar allá porque estos indios son voluntarios. Ahora he acordado de escribir una carta al señor Juan de Villavicencio la sustancia de ello va repartido en muchas cartas, porque no se cuan de ellas llegará allá, porque escribo en aventura, porque estos señores oficiales no nos querrán llevar ninguna carta de las nuestras amigos y deudos En los sobre escritos de la carta decía, a mi señor licenciado Hernán Ruiz Cabeza de Vaca mi señor. En Jerez /folio 10/ de la Frontera en calle Francos. Hecho en el Río de la Plata a mi señor hermano Hernán Ruiz Cabeza de Vaca mi señor. En Jerez de la Frontera en calle Francos. Del Río de la Plata.