De família nobre, ele cursara dois anos na universidade de Salamanca e conhecia bem tanto latim como direito. Secretário do governador de Cuba, Diego Velásquez de Cuéllar e alcaide de uma vila, foi acusado de conspiração e preso. Reabilitado, recebendo a missão de reconhecer a península de Yucatán, no México, com ordens expressas de não fundar qualquer colônia. Desembarcou no México com 518 soldados, 16 cavaleiros, 13 escopeteiros, 32 balesteiros, 110 marinheiros e uns 200 índios e negros, mas em pouco tempo já havia descumprido as ordens de Velásquez, fundando uma cidade e avançado até a capital do império asteca, Tenochtitlan.

Foi quando Pánfilo de Narváez apareceu com um exército de 1.400 homens, disposto a enquadrar o conquistador e substituí-lo. A superioridade numérica não lhe garantiu a vitória: perdeu um olho em combate e passou quase três anos preso.

Com essa ameaça superada, Cortés pode dedicar-se integralmente à conquista do império cuja opulência descrevera assim numa carta endereçada a Carlos V, em 30 de outubro de 1520:

 

(...)Pasada esta puente, nos salió a recibir aquel señor Montezuma con hasta doscientos señores, todos descalzos y vestidos de otra librea o manera de ropa asimismo bien rica a su uso, y más que la de los otros, y venían en dos procesiones muy arrimados a las paredes de a calle, que es muy ancha y muy hermosa y derecha, que de un cabo se parece el otro y tiene dos tercios de legua, y de la una parte y de la otra muy buenas y grandes casas, así de aposentamientos como de mezquitas, y el dicho Mutezuma venía por medio de la calle con dos señores (...) Y allí me tomó de la mano y me llevó a una gran sala que estaba frontera del patio por donde entramos, y allí me hizo sentar en un estrado muy rico que para él lo tenía mandado hacer, y me dijo que le esperase allí, y él se fué. Y dende a poco rato, ya que toda la gente de mi compañía estaba aposentada, volvió con muchas y diversas joyas de oro y plata, y plumajes, y con hasta cinco o seis mil piezas de ropa de algodón, muy ricas y de diversas maneras tejidas y labradas (...)

 

Numa praça que lhe pareceu duas vezes maior que a cidade de Salamanca, uma prova da pujança do comércio local:

 

(...) hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimiento como de vituallas, joyas de oro y de plata, de plomo, de latón, de cobre, de estaño, de piedras, de huesos, de colchas, de caracoles y de plumas; véndese tal piedra labrada y por labrar, adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar de diversas maneras. Hay calle de caza, donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papagayos, búharos, águilas, falcones, gavilanes y cernícalos, y de algunas aves destas de rapiña venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas. Venden conejos, liebres, venados y perros pequeños, que crían para comer, castrados. (…)Hay casas donde dan de beber y comer por precio. (…) Hay a vender muchas maneras de filado de algodón, de todos los colores, en sus madejicas, que parece propiamente alcaicería de Granada en las sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuantos se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos, blancos y de diversos colores. Venden mucha loza, en gran manera muy buena; venden muchas vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vedriadas y pintadas. Venden maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo de otras islas y Tierra Firme. Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos fechas. Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra, que demás de las que he dicho son tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas a la memoria, y aun por no saber poner los nombres, no las expreso.

 

Carlos V não estava nem um pouco interessado na abundância de produtos comercializados na praça central de Tenochtitlan, mas em outro trecho da carta, Cortés deu uma notícia auspiciosa para o homem que precisava pagar dívidas com banqueiros que haviam financiado sua eleição para o comando do sacro império romano e sustentar um exército inteiro dedicado ao combater os muçulmados: 

 

Hablé un día al dicho Montezuma y le dije que Vuestra Alteza Carlos I tenía necesidad de oro para ciertas obras que mandaba hacer, y que así le rogaba enviase a algunas personas de los suyos, y que yo enviaría asimismo algunos españoles por las tierras y las casas de aquellos señores que allí se habían ofrecido a les rogar que de lo que ellos tenían, sirviesen a Vuestra Majestad con alguna parte….Y así se hizo, que todos aquellos señores a que él envió dieron cumplidamente lo que se les pidió, así en joyas como en tejuelos y hojas de oro y plata, y otras cosas de las que ellos tenían, que fundido todo lo que era fundir, cupo a Vuestra Majestad del quinto treinta y dos mil y cuatrocientos y tantos pesos de oro, sin contar todas las joyas de oro y plata, y plumajes y piedras, y otras muchas cosas de valor, que para Vuestra Majestad yo asigné y aparté, que podrían valer cien mil ducados y más (….) Y no le parezca a Vuestra Alteza fabuloso lo que le digo, pues es verdad que todas las cosas creadas así en la Tierra como en el mar, de que el dicho Moctezuma pudiese tener conocimiento, tenía contrahechas muy al natural, así de oro y plata como de pedrerías y plumas, en tanto de perfección que casi ellas mismas parecían; de las cuales todas me dio para Vuestra Alteza mucha parte, sin otras que yo le di figuradas y él las mandó hacer de oro….

 

A generosidade de Montezuma não saciou a ganância dos espanhóis. Pfreso por Cortés, o imperador asteca acabou apedrejado por seu povo, ao que tudo indica, com um discreto empurrão dos conquistadores. Parte de seu tesouro seguiu então para a Espanha – provavelmente, menos do que o quinto reservado ao imperador. Carlos V nem viu as fabulosas peças, de valor jamais registrado - mandou fundir tudo imediatamente para continuar guerreando.